miércoles, 21 de octubre de 2015

El día que "extrañar" se enamoró del "olvido"


Vemos a “extrañar” y “olvidar” tomados de la mano. Imagen extraña e incompresible, hasta el momento en que uno empieza  a entender.
Recorren caminos juntos,  oyen canciones. Incluso frenan de vez en cuando a bailar alguna pieza, aunque todos los vean, a ellos nada les importa. Ni la gente, ni los ruidos, siquiera el “qué dirán”. Caminan despreocupados porque ambos saben que marchan hacia el mismo lado. El mismo camino sinuoso es el que los dirige, el que los apuntala.  El mismo que algún día los hará desaparecer.
Se extraña lo que se siente y lo que se olvida, se vuelve una huella tan fuerte que hace huecos en la calle. Siguen caminando porque deben hacerlo, tienen la certeza insegura de que el caminar algún día les hará recuperar la estabilidad a sus zapatos.
 ¿Se olvida? Pregunta que ya casi no me hago. Acostumbro a creer que sí.  Pero el olvido se convierte en costumbre también, aun cuando luego decimos odiar ciertas rutinas grises.
Nos acostumbramos a olvidar, a borrar, a desaparecer. El problema que tiene el olvido es que una buena parte de nosotros se pierde con él. Se cansan el cuerpo, los horarios, hasta las penas se agotan de sí mismas. Los pesos recaen sobre las cienes, sobre las rodillas, incluso sobre nuestro propio kilaje. El cansancio se convierte en virtud, la mañana en pesadilla diaria, la noche en un frágil descargo melancólico delante de un ordenador.
Ellos caminan despreocupados porque conocen cuál será su meta. Se dan hasta el lujo y el placer de tomarse de la mano, de besarse en viejas farolas de Recoleta, de mojarse con el agua de la lluvia y no temer a caer resfriados.  
Todo se convertirá algún día en ceniza, todo será solo parte de futuros poemas, antes de que se acabe el tiempo, antes de esfumarse por fin. “Extrañar” intenta, sin embargo, romper las reglas del juego, convencer al olvido de que no camine tan rápido. Que se siente por unos minutos, que se tome un café y se despabile,  que no hay apuros ni presiones por llegar a la meta, que el camino por más que parezca tan largo termina por ser lo suficientemente corto.
Un respiro y una mirada cómplice, hacen que el olvido se relaje por un instante. El extrañamiento le ofrece sus ojos, su boca, sus manos. Le ofrece un pucho, una astromelia y una copa de vino. Incluso se sientan por un instante a escuchar a Ismael en la barra de un bar mientras el mozo les trae un Jack Daniels.
El camino sigue igual de corto, pero las piedras lastiman menos los pies. El dolor se vuelve respiro, el respiro se vuelve esperanza. El olvido descubre que “extrañar” no quiere irse, que saca de su galera miles de fórmulas únicamente para no perderse. Pero el “olvido” no entiende de magias ni tampoco de amores. Sólo entiende de clausuras, de partidas y de niebla. Caminan por Buenos Aires y Buenos Aires se vuelve tan gris. Algo tan parecido a Londres, y tan lejano a Madrid.
Se vuelve opaco ese camino cuando vuelven a levantarse. Extrañar se queda con ciertas ganas de más, pero el olvido rápidamente se levanta y apresura su paso. Extrañar se da cuenta que no hay límites para lo que siente, pero aprende también que al olvido no puede siquiera negociarle cinco minutos más porque este sabe que de entregarlo, tal vez esos últimos cinco minutos que le regale, podrían convertirlo en algo diferente para lo cual fue creado.
Dejaría de ser “olvido”, se convertiría posibilidad y la posibilidad en algo nuevo y así “extrañar” dejaría de ser también, y se convertiría en ganas, en risas, en soles. Ambos serían algo que no son, incluso tal vez algo mejor.
Pero no fueron creados para eso. Uno solo debe extrañar y anhelar que no se acabe el tiempo. El otro, indefectiblemente debe ser seguir su paso, romper con todas las fotos, hacer de cuenta que “extrañar” nunca existió, quemar los recuerdos que queden y dejar como en cada historia, una huella más en el olvido.

                                                                                                           TINI


martes, 20 de octubre de 2015

domingo, 18 de octubre de 2015

Puedes


Puedes quitarme, desgarrarme, dejarme en silencio.
Poner en mute cada impulso, cada risa, cada lágrima.
Puedes frenarme si lo deseas.
Congelarme, ausentarme.
Puedes enviarme al olvido, pedirme que te borre.
Enojarte conmigo incluso.
Puedes quitarme de tu mundo, de lo que viste alguna vez.
De las vidas posibles, del sol en tu ventana.
Sacarme de tus reglas, de tus mates, de tus vicios.
Puedes hacerme parte de las ausencias, uno más en lista de errores.
Puedes pedirme una y mil cosas,  hasta puedes hasta borrarte de mis escritos.
Eliminar mis fotos, pedirme que te desvanezca.
Puedes clausurarme tus puertas, tus canciones, tu voz.
Pedirme que te haga a un lado, que simule nunca haberte encontrado.
Hacer que mi silencio sea eterno, que mis ganas se esfumen.
Que nunca más vuelva a ponerte en foco.
Puedes olvidarte de mí y nunca más mirarme si lo anhelas.
Hasta podrías odiarme si así lo desearas.
Dejo las puertas abiertas a este juego,
Puedes hacer de mi lo que desees.
Que no crea más en vos,
Que invente historias en mi cabeza para borrarte,
Hasta podrías cargarme de rencor así fuera más fácil.
Puedes pedirme lo que quieras,
Creo que ya lo dije.
Pedirme que me aleje y sin embargo,
Hay algo que manejaré únicamente yo:
No puedes pedirme que me vaya….

                                                                                               TINI

viernes, 16 de octubre de 2015

Idiota


Es quedarme en silencio aun cuando me muerda. Aún si uno se ahogase. Más de una vez elegí golpearme de frente sin importarme nada.
Si supieras que a veces trasnocho aún sin hablarnos. Cual si te estuviera acompañando. “Pásame un mate”, “no sabes lo que se me ocurrió”. Pobre idiota que no entiende. Si supieras que aun sabiendo las dificultades nada me importa. Me convenzo de que sí, otras veces muero y creo que es inútil, sin sentido, que no fue tan rápido como avanzamos sino como nos perdimos. Me agota saber que perdí la única señal de vida que me marcó en años. O quien sabe, tal vez por tanto esperar sin sentido, esa señal me esté perdiendo a mí…
Te quise para darnos tiempo, para darnos historias. Para darnos pasado. Para darnos charlas hasta cualquier hora y también caricias. Para al menos hacerte dudar de que se pudiera estar mejor que antes. Para volver a creer, para no olvidar ni reemplazar, para no abandonar nunca más nada. Así te aprendí a querer.
Te quise para contar, para apoyarnos, para ser fotos. Amé tu arte, tu modo de hablar hecho de historias, tus ojos hechos de imágenes. Tus muecas y tus hoyuelos, tus líneas y los agujeros de tu pantalón. Amé tu historia, tu mundo y tus por qué. Tus “quizás”, tu indecisión y tú “no entender”. Amé tu rostro a cualquier hora, con y sin maquillaje, tu modo de contar, de analizar tan malditamente todo. Tu pelo.
 Tú forma de escaparte y de no querer nadie cerca. Mis ganas de no querer dejarte por nada. Tus silencios que nunca entendía, las cosas que hoy si comprendo.
Amé tu risa oculta detrás de un mate, de líos, de cuatro paredes. Amé los “nunca va a ocurrir”, los “ya viví casi todo”, los “no vamos a poder” y hasta esa idea tan dramática de las diferencias.
Idiota el que no abandona, quien no tira la toalla, quien no entiende realidades. Idiota el que cree, el que busca algo distinto. Idiota quien a base de impulsos intenta mantenerse cerca. El que se ahoga pero convence al mundo de que todo va a estar bien. ¿Quién dijo que va a estarlo? Idiota el que piensa eso, el que imagina, el que sueña un encuentro casual.
Idiota quien quiere una segunda oportunidad. No a uno mismo, sino a ambos. Idiota el que te desea lo mejor en cada paso y en silencio, en cada foto, en cada café. Idiota quien aún se imagina bailando jazz en Recoleta. Idiota quien te escribe en prosa porque ya no se anima a hablarte. Quien pateó el tablero mil veces y largó al infierno a la poesía. Quien escucha tus canciones, quien sueña con un auto sucio a las 3am y una cama repleta por nosotros y un ladrido celoso a nuestro lado.
Idiota quien no se rinde, pero… “acá no se rinde nadie”. Idiota quien desea verte feliz, quien ve tus ganas de plenitud y quien confía más que nadie en lo que podes.
Aun así prefiero el papel de idiota, no dejar de creer, no dejar de espiarte en silencio. Prefiero ser quien no entiende, quien no aprende, quien se duerme tarde, quien te busca temprano. Quien te busca...
Prefiero ser quien no se va, quien no deja de intentar, quien te contradice, quien se lastima un poco pero no te suelta la mano, quien tiene paciencia, quien locamente desea.
Tal vez por eso, cuando me preguntan por qué no me alejo del todo, mi respuesta no es tan difícil. Hoy hablo en primera persona y podría escribirte mil palabras que jamás leerías. Siquiera sé si podría mirarte a los ojos.  Y aun así la respuesta sería sencilla: me quedo por tanta idiotez junta  y por la misma idiotez con la que aún te digo te quiero…y sigo acá.

                                                                                                                   TINI

martes, 13 de octubre de 2015

Periodo de prueba


Nunca terminaré de entender ciertas cosas del tiempo. La facilidad con la que se marcha lo que tarda tanto en llegar.
Ciudades vacías. Flores secas. Colectivos que ya no hacen ruido. Primaveras que no florecen. Sueños que se retrasan. Relojes que se detienen.
Siempre dependemos del tiempo. Para todo. Para despertarnos, para hablar, para quedarnos en silencio, para olvidar.
Nadie muere ni morirá por amor. No obstante, por algo uno se obliga a olvidar tan forzadamente a veces. Y olvidar, no siempre resulta placentero.
Si hablásemos de la navidad uno se quedaría sin brindis ni regalos. Si hablásemos del invierno, se nos acabaría el frío. No habría juegos ni marcas en la nieve. Si hablásemos del humor, nos quedaríamos sin la risa, seríamos un consuelo de muecas forzadas a celebrar un chiste que ya nadie aplaude.
Uno se obliga, no se muere, pero se agota. Siempre creí en lo mismo. Es más sencillo lastimarse y quedarse atrás que volverse feliz y construir un camino. Ser feliz siempre se trató de momentos. “Somos instantes” diría Cortázar. Y vaya si lo somos, algunos pueden durar una vida. Otros siquiera superan el período de prueba.
Fuimos la parte dura de un comienzo laboral. Tres meses a prueba en donde uno se entusiasma, pone lo mejor de sí, proyecta caminos, metas, sueños, piedras, planes, ganas. Tres meses para dar vida a lo mismo que luego se convertirá en encierro.
El encierro, puede hacerse también parte del olvido. No por ser menor el tiempo es que resulta más fácil. Hay períodos de prueba que a veces, por cortos, nos duelen una vida.

                                                                                                                            TINI

jueves, 1 de octubre de 2015

Contrastes



Corré lejos, pero mantente cerca.
Mantente cerca pero no me hables.
No me hables pero no dejes de mirarme.
Mírame pero no me pidas que hoy te vea.
Ponme en foco pero déjame a un costado.
Ilumíname pero no me quites las sombras.
En mi mundo de colores, aprendí
A amar tu blanco y negro.
Y empecé a entender, tal vez algo tarde,
Que debía comprender ese mundo traslucido.
Que no todo funciona siempre de la misma forma.
Que lo que a veces es a color,
A veces un tiempo debe ser en blanco y negro.
Que era amor lo que se precisaba,
Pero que iba más allá también.
Que era tiempo y algunos silencios.
Que era espacios y también comprensión.
Pero llegamos tarde a entender.
Por eso la primavera se queda vacía.
Sin astromelias ni rosas blancas.
Aprendí en la locura a encontrar algo de amor
Pero al final del segundero en la foto
Siempre quedamos así.
Tú de un lado y yo del otro.
Dos “extraños en la noche”.
La culpa es mía.
Siempre amé las fotos con contraste.


("...Casi siempre es tarde cuando comprendes que era a tì a quien deberìas quererte.
 Y sin embargo, cada vez que lo haces ese amor llega justo a tiempo..." Marwan)

lunes, 28 de septiembre de 2015

Somos. Fuimos.



*...Porque no somos quienes para juzgar al cielo, ni a la música de medianoche, ni al sentido de las palabras, ni a los por qué. Porque solos sólo somos una parte, y porque juntos hoy no somos. Porque somos dos, cada cual con sus motivos, sus historias, sus complicidades y sus diferencias.Porque somos quienes nos vemos sin vernos, quienes nos alentamos sin poder ayudarnos, quienes nos preocupamos sin ya poder ser parte, quienes deseamos lo mejor al otro contra cualquier otro pronóstico. Eso somos. Eso fuimos. Dos, pero no uno más uno. Simplemente dos. Eso somos, eso fuimos. Dos que intentaron, que se animaron a probar. Por la causalidad, por la justeza del tiempo sin pronóstico alguno. Porque no planificamos, porque decimos adiós antes de habernos dicho "buen día", porque no pudo ser pero fue hermoso. Somos, fuimos. No hablemos de un "seremos", hablemos de un "quizás" o no hablemos de nada. Hoy descubro en el silencio el mejor modo de estar cerca, hasta que un día, sin esperas ni pretensiones, tal vez sin darnos cuenta, podamos volver a ver para luego volver a mirar...*

(*...Mirar es una cosa. Que me mires tú es otro verbo diferente....* - Marwan)

lunes, 21 de septiembre de 2015

El revelado perfecto


Escribir historias en prosa me es tan difícil como lo fue comenzar a hablar.
Dos mundos distintos, uno a colores, otro en blanco y negro.
Primera concepción que tuvimos: casualidad. Cruzarse por decisiones ajenas que hicieran que estuviéramos ahí, en ese mismo lugar, en ese mismo espacio, a la misma hora.
Pocos días después supimos que no lo era. No era la casualidad lo que nos unía,  sino la vida reflejada en miradas, en encuadres. Era julio que nos ponía en foco en la misma imagen. ¿Cuándo en mi vida pensé en lo que sucedía tal o cual mes? Nunca, pero me gusta recordar ese día con ella.
No fue un acto casual. En todo caso, la propia “causalidad” era la que intentaba juntarnos.
Primeros suspiros, primeras complicidades. Primeras advertencias de que no iba a ser fácil.
No es tan sencillo unir dos almas tan acostumbradas a estar solas.
Las risas alentaron nuestra primera foto, nuestros mates nos pusieron en foco,  luego vinieron las primeras reglas rotas, el coraje, la primera demostración de amor. Primeros cambios. Revolución.
Hablamos de causalidad. De no dejarlo solo en manos del destino, sino ser nosotros quienes actuáramos en pos de cruzarnos. Si algo no puede quitarnos nadie, son nuestras acciones. Tomamos la decisión, correcta o no, de querer vernos. Fue correcta.
Vernos. ¡Qué difícil! Tener la idea de lo que se quiere y no saber que átomos juntar para dar con la fórmula exacta. Tener la decisión, las ganas, la voluntad y aún así… ¡qué difícil! Vernos solo era el principio para poder algún día mirarnos.
Suena Ismael. Se escucha un ladrido en la habitación. ¿Es el pánico o son las ganas? ¿El pasado o lo que vendrá? O acaso tal vez, alguna errante combinación de todas las premisas posibles.
Somos lo que hacemos. Claramente, por algo suceden las cosas. Tanto el juntarnos, como el vernos de lejos dependió de nosotros. Y lo sigue siendo.
Fue tan sencillo enfocar los primeros días, dejar la huella en el barro para encontrar siempre el camino. Hablar se volvió la mágica solución a todo. Podíamos fallar pero encontrábamos el rumbo. Hoy rompimos con eso.
Erramos, golpeamos donde nos duele. Al otro y a nosotros mismos.  Tener tantas ganas de que saliera bien y lo único que hicimos fue justamente eso: errar.
 Erramos a los modos, las formas. Reforzamos contrastes. Reducimos iluminaciones. Hicimos crecer las sombras. Somos el revelado perfecto de lo difícil que es estar bien juntos.
Hoy, lejos, lo entiendo más claro. Era el silencio el arma necesaria para entendernos. Tanto miedo le tuve a la ausencia. Hoy descubro en el silencio el mejor modo de estar cerca.
Nada de poesías, no es eso lo que nos prometimos. Tanto imaginamos “la posibilidad de…” que terminamos por derribarnos en el primer intento. ¿Culpables? No lo creo. No hay culpables cuando ambos intentamos, cuando ambos deseamos ser felices, juntos o separados, pero felices.
O tal vez si, tal vez fuimos un poco culpables.
Amé tu modo de calmarme y de hablar antes de amar tu cuerpo. Que me hayas devuelto las ganas, el saber que se puede, que es posible hallar lo distinto dentro de un montón de rostros iguales.
Supe más de lo que no te gustaba que lo que sí. Odié tu pasado por amor. Por no querer verte jamás sufrir. Hoy, sin embargo, también yo te hago mal. Era complicidad, tal vez entusiasmo, tal vez amor, algo era...
Debimos ser más tolerantes, más amantes, más compañeros, más pacientes. Quisimos derrotar al fracaso y nos sumergimos en él. Dejamos ganar las ansias, apuramos al tiempo.
Tal vez sea sólo uno más en una lista de sombras. Tal vez simplemente, sólo vuelva a verte en fotos de otros. Es tener que dejarte ir sin querer siquiera hacerlo.
Es desearte cerca. En mi vida, en mi teléfono, en mis ocupaciones. Cada vez que suena el despertador y en el vino que me enseñabas a tomar. Te busco en mis cigarrillos, en mi cámara cada vez que la tomo. En la radio a la medianoche. Es elegirte antes de necesitarte.
 Tan cerca quedaban los San Telmos, Recoletas, Avellanedas. Tan cerca y tan lejos ahora.
Imaginar tu rostro iluminado otra vez, entender las miradas, compartir un sueño, vernos crecer.
Sigo queriendo lograr esa foto que tanto me costó sacarte. No culpo a tus demonios, los míos también fueron fuertes. Te quiero cerca y aún así tiemblo. Es el riesgo a tomar cuando lo que se quiere nos toca el alma. Y aun así no me rindo.  Es no saber cómo hacerlo, y sin embargo, tener la seguridad de que vale la alegría. Podes ser completamente feliz. También podes no volver a serlo.
Ahora solo nos resta el tiempo. Puedo elegir: tirar o no la toalla. Porque te deseo lo mejor, pero más te lo deseo conmigo.
Será que entre tanto humo sobre el escenario algún día, finalmente podamos equilibrar el foco  y hacer de nosotros una linda fotografía.

(continuarà...o eso espero)


                                                                                                                             TINI

sábado, 19 de septiembre de 2015

Brújulas


No puedo quedarme callado.
No cerraré mis labios
Ni guardaré palabras.
Hoy puedo caminar por la calle
Y ser lo que soy.
Con miedo, con frustraciones,
Pero con vida.
Sabiendo que quiero, que busco,
Que ofrezco.
Vivimos de sueños.
Desde muy chicos, soñamos y tememos.
Tememos y sufrimos.
Sufrimos y somos felices.
Nos hacemos del dolor.
Escapamos, apagamos despertadores.
Silenciamos deseos,
Clausuramos ganas.
Somos lo que podemos ser
Y lo que quieren tomar de nosotros.
Quebrados pero con vida.
Seguimos adelante.
 Sin poder entender todo.
Sin intentarlo tampoco.
Nacemos del fracaso y hacia él vamos.
Intentamos ser infelices a veces,
Y lo bien que nos sale.
No es difícil sentirse desgraciados,
Lo difícil es ser feliz.
No obstante, hacia allá vamos.
Hacia donde nadie confía.
A donde nadie tiene fe.
A donde nadie camina.
Mi brújula marca el sur.
Pero el camino nos lleva solos.
Al fin de cuentas, así llegamos.
Y así volvemos a irnos…

                                                                                                                             TINI


domingo, 16 de febrero de 2014

Cielo tardío


Veo gente alrededor con sus libretos,
Sus filosofías de vida.
Veo amaneceres y “buenas noches”
Que no me son propios.
Veo parte de lo que quiero
Y otro tanto de lo que no sé.
Qué parte difícil esa en la que el miedo entra.
Nos volvemos refugiados
Con tal de no golpearnos.
Volvemos a vernos en la idea de que al final,
Estar solos hoy es mejor.
Me pierdo en esa noche en que volví a verte.
Huelo el aroma a tierra mojada,
Eso que pasa en días de lluvia
O en los que uno está triste.
O enamorado.
Veo las gotas caer sobre el vidrio del auto,
Y me veo dentro sin querer.
Cansado de la lluvia y de mojarme,
Creo que, al final, lo mejor es quedarme.
Al menos uno se protege.
Pero llueve tan fuerte afuera,
Que Buenos Aires se vuelve tristeza,
Un poco de esos lugares vacíos de vida,
Como esos árboles sin hojas
Que nunca florecen.
Como un cielo nublado
O una canción de despedida.
Somos la parte gris de la tristeza,
La parte cálida de un adiós.
La parte débil de una lágrima
Y el corazón de un sueño tardío.
Somos eso que no queremos
Y también todo lo que anhelamos.
Somos lo que intentamos,
Lo que hicimos de nosotros.
Somos la timidez de un saludo,
La calidez de una espera.
La sonrisa de un encuentro.
Somos la parte gris de una nube
Y el cielo despejado en verano.
Así de brillantes.
Así de opacos.
Un poco de uno y de otro,
Un poco de lo que queda
Y otro poco de lo que perdimos.
Soy lo que tengo para darte
Y esa parte de lo que me falta.
Soy parte de lo quiero,
Y un poco más de otro algo 
Que sencillamente ya no sé.

                                                                                         TINI